Dormitorios gemelos, parte 1

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díasLa tarde estaba melancólica como un niño en silencio que sabemos que se pondrá a llorar en cualquier momento, así que esa tarde decidí salir con mi paraguas.

 Afuera nada tenía sentido: cayó un rayo a pocos metros de mí, salí ileso pero se me encrespó un tanto el cabello. Un gato, completamente blanco y con botas, se cruzó delante de mí, esperé que hablara pero no lo hizo, inclusive ni siquiera se digno a maullar. Técnicamente no camine por debajo de una escalera, era una de esas escaleras como una V invertida, para evitar más problemas la subí y bajé.

  Seguí mi camino más que asustado, sentía que todas las miradas estaban sobre mí. Al revisar los periódicos noté que 325 políticos habían renunciado y posterior a esto confesado su corrupción, que voluntariamente se habían entregado a la ley. Qué sucede, le pregunté al tipo de los diarios, pero este solo levanto los hombros.

 Corrí y atravesé unas cuadras sin destino aparente. Ingresé a una catedral para tranquilizar mi alma, allí un sacerdote me ofreció un trago, me alentó a que apostara en la carrera número 77, lo miré con cara de loco y salí del edificio.

 Ingresé a una tienda, temiendo que el mundo había dejado de funcionar como yo tenía memoria. Para sorpresa mía en la tienda vendían artículos para el dormitorio, pero eso no era lo extraño, lo extraño era que la tienda estaba decorada igual que mi dormitorio: una cama simple, almohadas cuadradas y un velador pequeño con una lámpara roja, era extraordinario el parecido. La única diferencia entre ese lugar y mi cuarto era una brújula encima del velador. La tomé y le dije al vendedor más cercano que me la llevaba.  Salí de allí mirando de reojo para un lado y para el otro.