Nunca se está tan solo

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Llego tarde a mi hogar, esperando haber cumplido una buena jornada. Vivo sólo, pero de cierta manera sé que nada podría salir mal. Ayer celebré mi cumpleaños número 30 y nunca pensé que vendría tanta gente a celebrar junto a mí.

 Me imagino que la vida se ha simplificado en el presente, pienso en la antigüedad, donde todo requería más tiempo, lavar la ropa, cocinar, limpiar, todo acto requería un esfuerzo extra. Y he llegado a la conclusión de que no habría podido vivir solo en una época pretérita, tal vez por eso todos tenían que vivir en familia. Extraños pensamientos, pero así es, pasamos de vivir en una manada a grandes clanes, grupos familiares, copiosos núcleos familiares, a familiar estrechas y ahora vivir solos.

 Todo gracias a los electrodomésticos. Aspiro con facilidad la alfombra y con la misma parsimonia limpios los platos y vasos sucios, es tarde pero no tanto, así que aprovecho de hacer funcionar la lavadora y aún así me sobra tiempo, aprovecho de  prepararme un batido.

 Son distintas las reflexiones cuando ya tienes 30 años, aún no me atrevo a pensar en una familia, y continúo con mis reflexiones treintañeras, cuál será la respuesta de la familia, la razón y su fundamento. Pienso en mis padres y hermanos y me alegra darme cuenta que ellos están bien.

 Es tarde y regreso a mi casa lleno de reflexiones mustias, pero es sólo un instante, tras eso todo vuelve a la normalidad, me gusta mi independencia y mi autonomía. Quizá todos estos aparatos son mi compañía, mis secuaces, enciendo los parlantes y dejo que la música me calme, me siento en el sillón con los pies arriba, de la manera en que siempre me lo prohibieron, me pego en la pantalla de mi celular para burlar al aburrimiento.

solo