Pulido de mármol

Guía para pulir sin fallas las superficies de mármol

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Muchas veces se utiliza para los revestimientos en las viviendas el mármol, ya que esta piedra se caracteriza por su brillo y adaptabilidad, al ser un material que se ve atractivo con diversas combinaciones. Eso sí, hay que tener claro que como la madera y las alfombras, se requiere un pulido de mármol para que este se mantenga brillante y en buen estado.

Es importante considerar los tipos de mármol de los cuales se hablan, ya que las baldosas que se utilizan para colocar en los pisos, no tienen el mismo tratamiento que el material utilizado para el revestimiento de las superficies como escaleras, paredes o mesas.

Antes de aplicar cualquier sustancia o efectuar arreglos, lo primero es quitar toda la tierra y polvo que se encuentra en la superficie de los pisos. Con una trapeadora suave, que no raye el suelo, se procede a barrer toda la suciedad que pueda interferir con el material abrasivo a la hora de tratar el piso.

Cómo lograr un pulido de mármol perfecto

Piso de mármol pulidoHecha la limpieza básica, debe utilizarse una máquina especializada en labores de pulido, ya que esta cuenta con discos de diamantes -además de un material abrasivo-, que permiten trabajar el mármol a nivel profundo, de forma que el brillo dure por varios años, distinto a que solo se encere la superficie visible del suelo.

Al utilizar granos pequeños, que son los más abrasivos, es posible eliminar grietas o rayones que pueda haber en las superficies, algo muy conveniente cuando el piso de mármol se ha visto muy dañado o no lo hemos tratado como corresponde.

Comenzado el pulido, lo ideal es efectuarlo unas tres o cuatro veces sobre la misma superficie, de forma tal que quede lo más lisa posible; hecho esto, se recomienda cambiar la dirección del pulido, a fin de que el brillo sea uniforme y no queden zonas sin trabajar. Ojo con la lubricación del piso, la máquina debiera ir arrojando cierta cantidad de agua para que el proceso sea mejor.

Por último, se efectúa un pulido de mármol más superficial, que elimine cualquier partícula resultante del primer trabajo; para ello, hay que enjuagar bien toda la superficie y quitar cualquier resto de polvillo, procediendo así con un abrillantador que debe pasarse unas cinco o seis veces con la máquina para pulir, luego enjuagar y por último, pasar la máquina en seco.