Dormitorios gemelos, parte 2

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Las cosas seguían igual de extrañas, hace unas horas todos me miraban y lugar al que me dirigía, me sorprendía con alguna gracia fuera de lo común. Lo extravagante de ahora era que todo parecía extremadamente normal, pero con una excepción, todos caminaban hacia el norte. De inmediato me percaté que la brújula tenía algo raro, al principio imaginé que estaba descompuesta, ya que no apuntaba al norte sino al sur-poniente.

Qué situación más complicada en la que me encontraba, pero ya me había sumergido en esa locura así es que decidí continuarla. Guiado por lo extraño de las circunstancias de ese día desequilibrado, caminé al punto a donde insinuaba la brújula.  Comenzó a llover y, tranquilo y sin ganas de llamar a la mala suerte, abrí el paragua y comencé mi marcha.

Las demás personas no cambiaban su dirección unánime, pero ya no me daban miedo. Literalmente me encontraba caminando en contra la corriente y paulatinamente, ese grupo de personas que iban en dirección al norte comenzó a aumentar. Me pasaban a llevar y me golpeaban en mis hombros, como si no quisieran que yo avanzara.

Con el pasar de los minutos la situación se ponía peligrosa, y hasta los niños me miraban como si quisieran hacerme daño por no ir a la misma dirección que ellos. Pero en ese preciso momento la brújula apunto hacia otro lugar, exactamente hacia unos departamentos de color café. No dude en dirigirme hacia allá.

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Continué dejando que la brújula me guiara. Subí unos escalones hasta llegar al piso 6, giré a la izquierda y cuando pasaba por la habitación 616 la flecha de la brújula comenzó a girar sin cansancio. Es aquí me dije, respiré hondo y esperé hasta calmarme un poco, golpeé la puerta. El dormitorio era igual al mío y para mayor sorpresa la chica que abrió la puerta me era sumamente conocida. No sabes el extraño día que he pasado, me dijo, yo simplemente reí.